¿QUÉ DICE LA BIBLIA DE JESÚS?

Un autor desconocido ha escrito las siguientes palabras acerca de Jesús, y las citamos aquí para dar paso a la inevitable pregunta que haremos a continuación. Una vida única…. singular. “He aquí un hombre joven, nacido en un pueblecito medio desconocido e hijo de una simple aldeana. Trabajó en un taller de carpintería hasta los 30 años, y después, durante 3 años, fue predicador itinerante. Nunca cursó estudios universitarios ni ocupó ningún cargo oficial. Nunca viajó más de 300 Km. del lugar donde nació. Nunca hizo ninguna de las cosas que el mundo normalmente relaciona con la grandeza, ni tuvo más credenciales que él mismo. Siendo joven, la opinión pública se volvió en contra suya. Sus amigos le abandonaron. Fue entregado a sus enemigos y sometido a un juicio vergonzoso. Fue clavado en una cruz entre dos malhechores, y mientras moría sus verdugos echaban suertes por la única propiedad que tenía en este mundo, su túnica. Ya muerto, fue puesto en un sepulcro prestado por la piedad de un amigo. Han pasado veinte siglos, y hoy es la figura central de la raza humana, y el líder de todo auténtico progreso humano. No exagero nada si digo que todos los ejércitos de la historia… más todos los reyes con sus triunfos y glorias… más todos los parlamentos con sus fueros y leyes… todos juntos, no han afectado la vida del hombre sobre esta tierra como lo ha hecho esta persona única y singular – Jesús de Nazaret” La pregunta que tenemos que hacer, y que Jesús mismo hizo a sus discípulos es: ¿Quién es este Jesús de Nazaret? Vamos a ver tres respuestas claves que nos da la Biblia. 1. Jesús es historia auténtica. Esto quiere decir que Jesús es una persona real, que realmente estuvo aquí en la historia de nuestro mundo hace más de dos mil años. Es importante recalcar esto ya que algunos han alegado que Jesús era simplemente una especie de carácter novelesco inventado por los autores del Nuevo Testamento, y que nunca existió en la realidad. Hoy sin embargo, el avance de la investigación histórica ha dado al traste con esa teoría, y ha hecho resaltar la afirmación del doctor Lucas (el escritor del tercer evangelio), cuando dice que todo lo que él escribe en cuanto a Jesús (su nacimiento, su vida, su muerte y su resurrección), es historia. Historia corroborada por la rigurosa investigación que él realizó de todos los hechos que narra (Lucas 1:1-4). Si no es así, entonces el doctor Lucas no sería más que un triste embustero, como también lo serían los demás escritores del Nuevo Testamento. Pero en ese caso, ¿cómo se explica que los escritos de estos supuestos embusteros hayan tenido un efecto transformador tan moralmente positivo en la vida de multitudes que han creído de corazón en el Jesús de quien ellos hablan? 2. Jesús es el Hijo de Dios. Lo cual significa que Jesús es Divino, nuestro mismo Creador, venido del mundo sobrenatural y eterno para visitarnos, exactamente como lo había escrito David en su Salmo 8, diciendo: “¿Qué es el hombre para que tengas de él memoria, y el hijo del hombre para que lo visites?” Ahora bien, frente a esta aseveración se han planteado muchas objeciones. Algunos alegan que Jesús mismo nunca pretendió ser divino, sino que esa idea fue inventada por los autores del Nuevo Testamento para ayudarles en su intento de montar una nueva religión, el Cristianismo. Un poco como los chinos, que hicieron de su líder Mao Tse Tung un dios para así imponer mejor su ideología. Pero eso es totalmente falso. Leyendo el evangelio de S. Juan atentamente, uno no puede por menos que darse cuenta cómo una y otra vez Jesús está haciendo ver, por las cosas que hacía y decía de sí mismo, que él era Dios. Una de esas ocasiones se encuentra en el capítulo 10, donde después de decir Jesús: “Yo y el Padre somos uno“ (verso 30), lo judíos – que entendieron muy bien lo que esas palabras implicaban – tomaron piedras para apedrearle. Y cuando Jesús les preguntó por qué lo hacían le contestaron: “Porque tú, siendo hombre, te haces Dios” (verso 33). Y Jesús no intentó corregirles. Y así por todo el evangelio de Juan. De hecho, si quitáramos de ese evangelio toda indicación de parte de Jesús de su divinidad, muy poco nos quedaría. Otros dicen que como en el mundo de entonces se creía en la existencia de muchos dioses, que a veces incluso visitaban nuestro mundo en forma humana, pues se ve que los escritores del Nuevo Testamento incorporaron la misma noción en sus escritos al decir que Jesús era divino y descendido del cielo. Pero otra vez nos encontramos ante un razonamiento falso. Sí que es cierto que todas las naciones estaban sumidas en la más crasa idolatría, creyendo en la existencia de muchos dioses y diosas, y en muchas supersticiones relacionadas con ello. Todas, menos una. La nación judía. Ellos creían a pies juntillas en un solo, soberano Dios, creador de los vastos cielos y la hermosa tierra, y despreciaban a las demás naciones por su grotesco politeísmo. Por lo tanto, no sería una exageración decir que no había terreno menos fértil en todo el mundo que la nación judía, para que brotara en ella la noción de un hombre que fuera Dios encarnado. Sin embargo es precisamente en esa nación, y no entre gente pagana, donde nace ese convencimiento. Los escritores del Nuevo Testamento eran mayormente judíos y son ellos los que anunciaron al mundo que Dios nos había visitado en la persona de Jesús de Nazaret. ¿Cómo se explica esto? Pues simplemente porque la evidencia de que esto era así, manifestada en la vida de Jesús, era tan convincente que no pudieron por menos que reconocerlo. Así lo dice Juan en su evangelio, donde también nos invita a examinar con él la misma evidencia que les convenció a ellos, y gozar de los mismos gloriosos beneficios de tal descubrimiento (Juan 20: 30-31) ¿Cuáles son esos beneficios? 3. Jesús, el Hijo de Dios y nuestro creador, nos visitó… • Para resolver de una vez por su muerte en la cruz el problema del pecado, el mío y el tuyo (Juan 1:29). • Para hacernos hijos de Dios y miembros de su gran familia, lo cual no se puede conseguir por ningún esfuerzo humano, ni por ningún rito religioso, (Juan 1:12-13), sino por la sola fe en Jesús, el cual nos amó y se entregó por nosotros en la cruz, (Gálatas 2:20). • Para darnos vida eterna… La Vida de la Eternidad (Juan 3:16). • Para llevarnos un día a sus gloriosas moradas celestiales (Juan 14). ¿Y la garantía de que todo esto es verdad? La resurrección de Jesucristo de la tumba tres días después de su entierro, de lo cual nos habla Juan en el capítulo 20, donde también nos presenta algunas de las evidencias de que esto realmente ocurrió. ¿Quién, pues, dices tú que es Jesús de Nazaret?

Deja un comentario

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.